La ‘Ley Sinde’ nunca acabará con la piratería

La aprobación definita de la conocida como ‘Ley Sinde‘, que permitirá al Ministerio de Cultura bloquear sin orden judicial el acceso a páginas que faciliten la descarga de contenido protegidos por derechos de autor, me sirve de excusa para profundizar en los principales errores económicos de la industria no sólo discográfica, sino del cine y editorial.

Steven Levitt explica muy bien en su libro ‘Freakonomics’ lo fácil que es equivocarse en todo un razonamiento si se parte de un presupuesto erróneo o una relación causa-efecto inapropiada. El error principal de la industria del entretenimiento (por regalarle benevolamente esa consideración general, a pesar de que hay algunos productos que son auténticos ladrillos inaguantables) se resume en un concepto de partida erróneo: ‘Una descarga ilegal es una venta perdida’.

Cualquier experto en Internet, es decir, cualquier niño de sobre 14 años, le podría explicar a cualquier ejecutivo de multinacional que se le ponga por delante que ni él ni su familia se podrían gastar nunca el dinero de cada descarga ilegal que realiza.

Y, lo que es más importante, que si no existiera Internet, u otra forma de pirateo, y si fuera literalmente imposible hacerse con contenidos obtenidos ilegalmente, simplemente dejaría de consumir el 90% de los productos que ahora sí escucha, ve y lee.

Por ello, cuando se lanzan cifras de pérdidas producidas por la descarga ilegal en Internet, sencillamente se miente. O se equivocan tanto como para distribuir una mentira por paquetes, embellecidos con superioridad moral y riesgo de desaparación de la Cultura como remate decorativo final.

Con ello, no defiendo, porque mentiría yo, que las descargas ilegales sean inocuas para la industria. Efectivamente generan pérdidas; eso sí, más bien sobre el 20% de los 1.100 millones que defienden las empresas.

Lo mejor, para la industria, de estas pérdidas reales es que se pueden atajar desde la industria. Pero lo peor es que no parecen querer, en cada caso por motivos particulares sesgados, eso sí, por el mismo patrón.

Con el canon digital a las discográficas (la parte que pagamos de más con cada soporte de almacenamiento de datos susceptible de ser usado para alojar música obtenida ilegalmente) éstas ingresan grandes cantidades de dinero –28 millones de euros en 2009- por un producto que distribuye otro (discos duros, portátiles, reproductores de música, etc), y cuya cifra no depende ni siquiera de su éxito como creadores, sino de la buena marcha de otro sector y de la negociación con un Gobierno de cuyo bolsillo no sale el dinero.

Pero en general, la industria del entretenimiento –en un clamoroso error estratégico de negocio- quiere hacernos tragar con la siguiente rueda de molino: cobrarnos lo mismo, y hasta más, por un producto del que, como mínimo, se ahorran la mayoría de los costes de distribución y la totalidad de los del soporte físico.

Y ésto no se limita a la música, sino que es la ‘apuesta’ de negocio del cine y los libros en España. Un disco en CD, un libro en papel, o una película en DVD (o el formato que sea) no pueden costar lo mismo en una tienda (con todos sus costes de soporte, fabricación, impresión , diseño y distribución) que un disco, un libro o una película adquiridas a través de Internet. De ninguna forma. Y eso que el comprador ha interiorizado con toda lógica, y razón, es lo que no quieren ni les interesa entender a los ‘lobbys’ pro industria cultural.

Mientras no se puedan adquirir canciones, discos, ver o comprar películas en alta definición en nuestros ordenadores y nuevas televisiones FullHD-1080 y descargar libros electrónicos a nuestros recién adquiridos e-books por la mitad de su precio en tiendas (y sin problemas de compatibilidad), los ciudadanos seguiremos molestándonos en buscar películas en foros de Internet, descargar música pirata y leer libros ilegitimamente adquiridos.

Muchos somos ciudadanos que preferimos lo digital y podemos pagar por la Cultura que consumimos si la industria nos diera comodidad, calidad y precios justos. Mientras eso no ocurra, la industria seguirá perdiendo dinero y ninguna Ley, ni Sinde ni de ningún otro nombre, podrá detenerlo. Pero una cosa tengo clara, alguien vendrá y lo acabará haciendo bien. Espero ese día.

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