¡Cocina: una de recortes en educación y sanidad!, y un vaso de agua

Y un vaso de agua para no atragantarse.

Por resumir, en educación como principales medidas de ahorro planteadas por el Ejecutivo de Mariano Rajoy tenemos: aumento del número de alumnos por clase en un máximos del 20% y el no reemplazo de las bajas de los profesores de menos de 10 días. Y, sinceramente, no me parece mal… entiendo las críticas de los profesores, entiendo que eso reducen las contrataciones y que la situación es complicada, pero es que hay que reducir el déficit (de eso casi nadie duda). Mi experiencia me dice que no pasa nada si en una clase en vez de tener 19 alumnos de media tiene 32; siempre que el profesor haga bien su trabajo. Tendrán que organizarse mejor, o simplemente de manera distinta, pero no es el Apocalipsis de la educación pública por mucho que se empeñen algunos.

La sanidad es arena de otro costal, aunque hasta ahora todo son rumores. Es estos precisos momentos (sobre las 12, hora peninsular) está comenzando la reunión Gobierno – Comunidades y hasta el momento se ha filtrado de todo: unas medidas más polémicas como el pago de los jubilados de hasta el 10% del coste de los medicamentos, que aquellos con  rentas más altas paguen más por su medicamentos (cuando lo cierto es que ya están aportando más de manera directa a través de las retenciones de su sueldo), micropagos de las consultas de atención primaria, urgencias y especialistas; y otras más en puridad lógicas como una central de pago conjunta española, quitar la subvención en medicamentos de menos de 3 euros (desfinanciar), poner coto al turismo sanitario, una tarjeta única nacional y la receta electrónica… y luego la potenciación de los genéricos.

Un tema este, el de los genéricos, que los médicos sin intereses directos te describen como esperpéntico, pues es cierto que muchos genéricos tienen precios absolutamente más bajos que los de marca, pero a día de hoy también se está produciendo exactamente lo contrario, que el precio de algunos de los genéricos está subiendo hasta superar los de las marcas; y se están comprando genéricos. Por tanto, ¿cuál es la solución? Parece evidente que una gestión flexible que se beneficie de las circunstancias del mercado en cada momento, lo que a todas luces sería positivo pues estimula la competencia de las farmaceúticas en precio y redundará en un ahorro para el país.

Y en unas horas veremos finalmente a qué entente llegan  Gobierno y  regiones.

ACTUALIZACIÓN (consulta aquí las principales medidas tomadas este miércoles):

http://www.europapress.es/nacional/noticia-sanidad-ccaa-acuerdan-establecer-copago-18-euros-pensionistas-20120418165022.html

 

 

Higienizante de ropa blanca y de color

Empeñados siguen algunos en varias consignas. Unos pidiéndonos a todos más productividad (o menos cafés) y más esfuerzo, mientras otros lamentan los recortes de gasto e inversión y siguen con su “el principal problema de España es la deuda privada y los culpables los bancos que nos llevaron a eso”.

Y consigna tras consigna aún no he conseguido que nadie me explique dónde está el problema estructural en que casi todos en este país tengamos hipoteca o letra del coche, crédito al consumo o tarjetas. Preocupados estamos nosotros por no poder pagar si perdemos el trabajo o nos siguen bajando los sueldos, pero nadie más.

Los bancos –esos que dicen que no dan crédito por falta de liquidez y siguen ganando miles y miles de millones, como durante, y antes de 2008– tampoco me preocupan. Bueno, o sí.

Mejorar la productividad. Una buena. Quizá alguno, como yo, cuando oyó a los empresarios hablar de mejorar la productividad pensó que se estaba hablando de trabajo vinculado a objetivos, flexibilidad horaria, inversión en nuevas tecnologías, nuevos sistemas de trabajo o internacionalización. Pero que va, ha sido despido de trabajadores, rebaja de sueldos y reducción de inversiones, incluyendo las tecnológicas. Inteligentísimo.

Por mucho que intenten convencerme, la deuda pública sí es un problema. ¿Sabéis cuánto de los 27.000 millones de euros recortados en 2012 por el Ejecutivo de Mariano Rajoy va destinado a pagar los gastos financieros de la deuda española? Todo. Si la Administración hubiera gastado menos (y sobre todo menos aleatoriamente) hoy los bancos no destinarían tantos fondos a precisamente financiar al Estado y tendrían más capacidad de dar crédito al sector privado. Así que sí, hay que ajustar. Antes había que gastar, pero ha quedado bastante claro que no en lo que se gastó: en reducción de impuestos, cheques bebé, planes E que levantaban las mismas aceras y plazas terminadas meses antes o planes de empleo para tener a cuadrillas de a cientos limpiando barandillas y mirando pasar a las chicas con falda corta.

Esta crisis está limpiando, higienizando el sector privado. Sólo sobrevivirán los más fuertes, los más flexibles, los más inteligentes, los mejor saneados, los más competitivos, los que ofrecen un buen o novedoso producto, los que no siguen pensando que el mundo es igual ahora que hace 120 años. ¿Y la Administración? Pues en 2011 se eligieron representantes públicos en la mayoría de administraciones locales resultando un aumento del 3,4% del número de concejales, 2.300 más. Seguimos teniendo 17 minigobiernos centrales, cientos de diputaciones, cabildos, empresas públicas, sociedades de inversión, más de 8.000 ayuntamientos y eslabones de distintas cadenas dedicados a lo mismo como, por ejemplo, en turismo: ministro de turismo, secretario general, directores generales, presidentes de Institutos de estudio, consejeros autonómicos, los insulares y provinciales, los directores generales autonómicos, insulares y provinciales, los directores de Consorcios y los concejales de los municipios turísticos. Y seguro que me dejo algunos. Te acercas y preguntas a las grandes empresas del sector y te confiesan que no saben ya con quien hablar. Tenemos Gobiernos autonómicos y agrupaciones de empresarios que pagan a aerolíneas por operar en sus regiones… el mundo al revés y ya está tan del revés que no sabemos cuándo ni cómo pasó, o cómo pararlo.

Los políticos que crean que la Administración española puede sobrevivir siendo igual que hace 20 o 120 años se equivoca tanto y arriesga lo mismo como lo hace aquel que comanda así su empresa: se arriesga, básicamente, a su desaparición.